Publicado: 17 de Abril de 2016

Esta mañana he leído en la prensa que constructoras, pretender rescindir sus contratos de adjudicación de varias obras públicas en el Principado de Asturias, y me imagino que será un tema recurrente en el resto de comunidades. Alegan para ello la imposibilidad de acometer las obras por el precio de adjudicación, que no de licitación, aunque en muchos casos también resultaría inviable.

El tema es que cuando un proyecto de obra sale a subasta, se presentan varias empresas a concurso, se da la circunstancia que el precio de salida ya de por sí es muy ajustado, cuando no insuficiente y que si se quiere concurrir con alguna posibilidad de ganar dicho concurso, las empresas deben de ir bajando el precio, y todos son conscientes de que los demás concursantes seguirán la misma estela de bajas. Esta circunstancia hace que se vean proyectos con bajas que pueden llegar a rozar el 60%. ¿ Se imaginan ir a un bar a pedir una cerveza o un café y que le hagan una rebaja del 60%? ¿Que cree usted que le servirán en realidad? Seguramente la empresa que gestiona el agua en su ciudad se vería seriamente beneficiada.

En construcción esta pasando eso mismo, las empresas bajan el precio para ganar el concurso y luego no existen medios de llevar a cabo los trabajos con garantías, ni para los promotores, ni para los proveedores ni para los trabajadores, lo que nos lleva de nuevo a la perdida de calidad en el servicio y la precariedad en el trabajo.

No hace muchos años una vez firmado el contrato de obra, se empezaba a hacer modificados al proyecto, lo que suponía automáticamente evitar la perdida sufrida por la baja practicada en el precio de licitación. Con esto nos encontrábamos con desproporcionados sobrecostes en las obras, lo que hoy día no es admitido con tanta ligereza. Lo que supone que si no hay modificados, la obra es inviable.